El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita El sol descendía sobre el monte Calvario, que estaba cerrado por un doble cerco.
El ala de caballería que había cortado el camino al procurador cerca del mediodía, salió al trote hacia la Puerta de Hebrón. El camino ya estaba preparado. Los soldados de infantería de la cohorte de Capadocia empujaron hacia los lados a la muchedumbre, mulas y camellos, y el ala, levantando remolinos blancos de polvo, que llegaban hasta el cielo, trotó hasta el cruce de dos caminos: el del sur, que conducía a Bethphage, y el del noroeste, que llevaba a Jaffa. El ala siguió cabalgando por el camino del noroeste. Después de haber desviado las caravanas que se precipitaban a Jershalaím para la fiesta, los mismos soldados de Capadocia se habían dispersado por los bordes del camino. Detrás de los capadocios se agrupaban los peregrinos que habían abandonado sus provisionales tiendas de campaña a rayas, instaladas directamente en la hierba. El ala recorrió cerca de un kilómetro, adelantó a la segunda cohorte de la legión Fulminante y, después de otro kilómetro de marcha, se acercó a la primera, que se hallaba al pie del monte Calvario. Aquí se bajaron de los caballos. El comandante dividió el ala en pelotones que rodearon toda la falda del pequeño monte, dejando libre sólo una subida, la del camino de Jaffa.
Al poco rato se acercó al monte la segunda cohorte y formó un segundo círculo.