El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Margarita no preguntó más y se quedó mirando a Latunski.
—Y usted, por lo que veo —dijo sonriente el pelirrojo—, odia a ese Latunski. ¿No es as�
—No es el único que odio —contestó Margarita entre dientes—, pero no me parece un tema de conversación interesante.
La procesión continuó su camino, seguida de coches vacÃos.
—Tiene razón, Margarita Nikoláyevna, no tiene nada de interesante.
Margarita se sorprendió.
—¿Es que me conoce?
Por toda respuesta, el pelirrojo se quitó el sombrero e hizo un gesto de saludo. «¡Qué pinta de bandido tiene este tipo!», pensó Margarita, mirando fijamente a su casual interlocutor.
—Yo no le conozco a usted —dijo Margarita secamente.
—¿Cómo me va a conocer? Sin embargo, me han enviado para hablar con usted de cierto asunto —Margarita palideció y se echó hacia atrás.
—En lugar de contar esas tonterÃas de la cabeza cortada —dijo Margarita— tenÃa que haber empezado por ahÃ. ¿Viene a detenerme?