El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¿Pero quién es ese extranjero? —exclamó Margarita turbada, en un tono de voz tan alto, que se volvieron los que pasaban junto al banco—. ¿Y qué interés puedo tener en ir a verle?
Asaselo se inclinó hacia ella y susurró con aire significativo:
—Tiene mucho interés…, puede aprovechar la ocasión…
—¿Cómo? —exclamó Margarita con los ojos redondos—. Si no me equivoco, está usted insinuando que puedo saber algo de él.
Asaselo asintió con la cabeza en silencio.
—¡Vamos! —exclamó Margarita con fuerza, agarrando a Asaselo de la mano—. ¡Vamos a donde sea!
Asaselo se apoyó en el respaldo del banco, tapando con su espalda un nombre grabado con navaja, «Niura», y dijo con expresión irónica:
—¡Qué gente más difÃcil son las mujeres! —se metió las manos en los bolsillos y estiró las piernas—. ¿Por qué me habrán mandado a mà para resolver este problema? PodÃa haber venido Popota, que tiene mucho encanto…
Margarita habló con una sonrisa amarga y contrariada: