El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¡Qué se le va a hacer! —murmuraba Koróviev en la puerta de la habitación de la piscina—. ¡No hay más remedio! ¡Es necesario!… PermÃtame, majestad, que le dé el último consejo. Entre los invitados habrá gente muy diferente, ¡y tan diferente!, pero, mi reina Margot, no debe mostrar preferencia por nadie. Si alguien no le gusta…, estoy seguro de que a usted no se le notará en la cara, pero ¡no puedo ni pensarlo! ¡Lo notarÃan inmediatamente! Tiene que llegar a quererle, reina. AsÃ, la dama del baile será pagada con creces. Otra cosa más: no deje a nadie sin una sonrisa, aunque sólo sea una sonrisita, si no le da tiempo a decir nada, aunque sólo haga un movimiento con la cabeza. Bastará con lo que se le ocurra, cualquier cosa, menos la falta de atención, eso les harÃa desvanecerse…
Margarita, acompañada por Koróviev y Popota, dio un paso de la habitación con piscina a la oscuridad absoluta.
—Yo, yo —susurraba el gato—, ¡yo daré la señal!
—¡Anda! —le respondió Koróviev en la oscuridad.