El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Es una gran satisfacción servir a sus órdenes, hegémono.
—Me alegro mucho. Bien, la segunda cuestión. Se refiere a… este, como se llama… Judas de Kerioth.
De nuevo el huésped miró al procurador de manera especial, aunque sólo por unos instantes.
—Dicen —seguÃa el procurador bajando la voz—, que ha recibido dinero por haber acogido con tanta hospitalidad a ese loco.
—Lo recibirá —corrigió por lo bajo el jefe del servicio secreto.
—¿Es grande la suma?
—Eso nadie lo puede saber.
—¿Ni siquiera usted? —dijo el hegémono, elogiándole con su asombro.
—Desgraciadamente, yo tampoco —respondió el huésped con serenidad—. Lo único que sé es que va a recibir el dinero esta noche. Hoy le llamaron al palacio de Caifás.
—¡Ah! ¡El avaro viejo de Kerioth! —dijo el procurador sonriendo—. ¿No es viejo?
—El procurador nunca se equivoca, pero esta vez sà —respondió el huésped con amabilidad—. El hombre de Kerioth es joven.
—¿Qué me dice? ¿PodrÃa describirlo? ¿Es un fanático?
—¡Oh, no, procurador!