El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Bien, ¿algo más?
—Es muy guapo.
—¿Qué más? ¿Tiene alguna pasión?
—Es muy difÃcil conocer bien a todos los de esta enorme ciudad…
—¡No, no Afranio! No subestime sus méritos.
—Tiene una pasión, procurador —el huésped hizo una pausa corta—: el dinero.
—¿Qué hace?
Afranio levantó los ojos hacia el techo, se quedó pensando y luego contestó:
—Trabaja en una tienda de cambio de un pariente suyo.
—Ah, bien, bien… —el procurador se calló, miró alrededor para convencerse de que en el balcón no habÃa nadie y luego dijo en voz baja—: Me han informado de que le van a matar esta noche.
El huésped miró fijamente al procurador y mantuvo la mirada unos instantes, después contestó:
—Procurador, usted tiene una opinión demasiado buena de mÃ. Me parece que no merezco su informe a Roma. Yo no he tenido noticias de eso.
—Usted se merece el premio más grande —respondió el procurador—, pero la noticia existe.
—PermÃtame una pregunta: ¿de dónde proviene?