El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Estos hilos… Delante de mis ojos esta cabeza se está cubriendo de nieve… ¡Mi cabeza, que tanto ha sufrido! ¡Mira qué ojos tienes!, ¡llenos de desierto…; y tus hombros, teniendo que soportar ese peso…, te han desfigurado, desfigurado!… —las palabras de Margarita se hacÃan incoherentes, se estremecÃa del llanto.
El maestro se enjugó los ojos, levantó a Margarita de las rodillas, se incorporó él también y dijo con firmeza:
—¡Basta! Me has hecho avergonzarme. Nunca me permitiré la cobardÃa, ni volveré a hablar de esto, puedes estar segura. Sé que los dos somos vÃctimas de una enfermedad mental, a lo mejor te la he transmitido yo… Muy bien, la llevaremos los dos.
Margarita acercó los labios al oÃdo del maestro y susurró:
—¡Te juro por tu vida, te juro por el hijo del astrólogo, tan bien logrado por tu intuición, que todo irá bien!
—Bueno, bueno —contestó el maestro, y añadió, echándose a reÃr—: Claro, cuando a uno le han robado todo, como a nosotros, ¡trata de buscar salvación en una fuerza extraterrestre! Muy bien, estoy dispuesto a buscarla en eso.