El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita En la mente de Berlioz alguien lanzó un grito desesperado: «¿Será posible?». De nuevo y por última vez, apareció la luna, pero quebrándose ya en pedazos. Luego vino la oscuridad.
El tranvÃa cubrió a Berlioz. Algo oscuro y redondo saltó contra la reja del parque, resbaló después por la pequeña pendiente que separa aquél de la Avenida, para acabar rodando, brincando sobre los adoquines, a lo largo de la calzada.
Era la cabeza de Berlioz.