Don Juan
Don Juan A medida que Lambro se aproximaba a su palacio, se vio sorprendido por un rumor de músicas, cuyo motivo no supo comprender. Conforme avanzaba percibía más claramente la armonía de una orquesta, y ese ruido característico de las fiestas y los banquetes, en el que se mezclan los murmullos, las risas, el chocar del vidrio y de la loza. En el amplio salón del vestíbulo encontró una verdadera multitud de sus súbditos sentada a una larga mesa exquisitamente adornada e iniciando un banquete. Otros escuchaban de pie la música de una orquesta invisible, y aun otros danzaban a su ritmo. La alegría era general, los manjares de diversas clases, los frascos de exquisitos vinos de Samos, los sorbetes de todos los estilos, los licores, los aromáticos pebeteros, enriquecían la larga mesa.