Don Juan
Don Juan En realidad, el aplauso público me es indiferente. Los grandes nombres no son más que nombres, y el amor de la existencia de Troya. Las edades venideras discutirán si hubo una vez o no hubo una ciudad llamada Roma. Las generaciones de los muertos quedarán borradas. Las tumbas son las herederas de las tumbas, pero un dÃa la memoria de los siglos se acaba y desaparece bajo las ruinas de los que los siguen. ¿Dónde están aquellos epitafios que leÃan nuestros padres? Apenas quedan unos pocos salvados de la inmensa noche sepulcral, en la que millares y millares de muertos han perdido su nombre en la universal muerte. Todas las tardes gusto de pasear a caballo junto al sitio donde pereció, en medio de su gloria aquel héroe que vivió demasiado para los héroes y demasiado poco para la vanidad humana, el joven Gastón de Foix. Una corona, esculpida con arte, pero cruelmente abandonada a la mano destructora del tiempo, cuenta la carnicerÃa de Ravena, y la base de esa corona está cubierta de espinas e inmundicias. Todos los dÃas paso junto al mausoleo del Dante: una pequeña cúpula, más sencilla que majestuosa, protege sus cenizas, y si bien, de vez en cuando, la tumba del poeta luce unas flores, recibiendo con ello un homenaje rehusado a la del guerrero, no obstante llegará un tiempo en que, igualmente olvidado el trofeo del capitán y el libro del poeta, tendrán la misma suerte que los versos y las hazañas que precedieron a la muerte del hijo de Peleo y al nacimiento del divino Homero… Con todo, siempre habrá poetas; aunque la gloria no sea más que humo, porque ese humo es incienso para el hombre. El sentimiento inquieto que inventó los primeros versos buscará siempre lo que buscaba antaño. Asà como las olas se convierten en espuma sobre las playas, las pasiones, alcanzando sus últimos lÃmites, se hacen poesÃa. La poesÃa no es más que la pasión o, por lo menos, tal fue hasta que llegó a convertirse en una moda…