Don Juan
Don Juan La dama dijo algunas palabras a las doncellas que formaban un grupo de 10 ó 12 jovenzuelas e iban uniformemente vestidas con la misma ropa que don Juan. Parecían todas verdaderas ninfas, y hubieran podido tratar como hermanas a aquellas doncellas de Diana que el tiempo no olvida. Claro está que esta doncellez comparativa era sólo exterior y que yo no puedo, por mucho que lo quiera, ofrecer garantía de lo demás… Hicieron todas ellas un saludo respetuoso y se retiraron. Luego que hubieron salido, Baba hizo una seña a Juan para que se acercara y después para que se arrodillase y besase los dos lindos pies de la hermosa dama. Juan se hizo repetir esta invitación, haciendo notar a Baba que lo sentía mucho, pero que él no podía besar ningún zapato, excepto el del Papa.
Indignado Baba con aquella orgullosa contestación, le amenazó en voz baja, hablándole del Bósforo. Al fin, hubo un arreglo, que consistió en que Juan, ya que no quería besar el pie, besase la linda mano de la dama. Así lo hizo, y preciso es convenir que si el estado de su alma, fiel a la memoria de la dulce Haida, hubiera sido otro, acaso no se hubiese limitado a aquella fórmula de cortesía, cuanto que en manos como aquélla que besaba se detiene la boca con amor, y daría muy gustosa dos besos en vez de uno.