Don Juan
Don Juan En seguida vinieron los suspiros, que se ocultaban muy mal cuando quería ahogárseles; después las miradas al descuido, que ese mismo descuido hace más dulces; llegó al fin ese tiempo en el que al verse los amantes que todavía no lo son salen siempre los colores a su rostro, aunque aún no puedan considerarse culpables. Temblaban cuando se encontraban frente a frente y se entristecían en el momento de las despedidas. Tales son los pequeños preludios que anuncian que la pasión conducirá más tarde a sus tiernos favores. ¡Ay! No sirven para otra cosa sino para probar cuánto embaraza un amor tímido cuando se apodera de un alma novicia.