Don Juan
Don Juan Julia tenÃa hondÃsima afición a admirar el honor y la virtud; amaba a don Alfonso, le era fiel, y en voz baja, aquella tarde, estaba jurándose a sà misma no hacer ninguna afrenta al anillo conyugal que llevaba en su dedo, no permitirse ningún deseo que la prudencia pudiera desaprobar. Mientras se formulaba este juramento, su mano descuidada se acercaba a la mano de don Juan, creyendo, acaso, acariciar una de las suyas… Esa mano de Julia advirtió, poco a poco, a la de don Juan de su proximidad dulcÃsima, por medio de una presión casi insensible, que parecÃa decirle: "Tenme si quieres". Sin embargo, no podemos dudar que tuvo simplemente la intención de oprimir los dedos de su joven amigo de una manera puramente platónica; ella se hubiera separado con espanto de él, como si se le hubiese acercado una avispa o un reptil venenoso, sà hubiera podido imaginar siquiera que con aquel amable juego arriesgaba la excitación de un sentimiento capaz de turbar la paz de una esposa prudente.