Don Juan
Don Juan Julia estaba, pues, sentada al lado de don Juan, y, un poco más tarde, tras corta resistencia, se encontraba estrechada por un brazo que temblaba, lo mismo que toda ella. Julia debió pensar que la tal posición era todavÃa inocente porque, de otro modo, la hubiera sido fácil separarse; pero esta situación tenÃa algún hechizo… Un poco más tarde… En fin, Dios sabe lo que sucedió. Dios lo sabe. Yo no puedo continuar, y hasta casi siento haber empezado…
Julia perdió la voz: no podÃa explicar sus pensamientos sino por medio de suspiros. ¡Se acabaron los lindos proyectos de inútiles e inocentes entretenimientos; sus hermosos ojos derramaban copiosas lágrimas, y aunque los remordimientos no se olvidaron de hacer acto de presencia contra la tentación, aunque resistió todavÃa un momento, aunque lloró su imprudencia e intentó de nuevo resistir, diciendo en voz baja que no consentirÃa jamás…, asà fue cómo ella consintió!