Don Juan
Don Juan —Vamos, vamos, ¿es ahora el momento de juguetear? Es preciso encerrar al señorito en el gabinete. ¿Es este tiempo de hacerse carantoñas? ¿No sabéis qué todo puede concluir trágicamente? Si vosotros perdéis la vida, yo perderé mi plaza. ¡Y todo por esa cara de señorita! Si al menos hubiera sido por un hermoso caballero de veinticinco o treinta años; vamos, señor, despáchese usted; pero por un niño… Estoy verdaderamente admirada del gusto de mi señora… ¡Vamos, caballero, entrad aquí!…
Y don Juan hubo de colarse en el gabinete. La llegada de don Alfonso, que esta vez venía solo, hizo salir a Antonia de la alcoba. Después de mirar alternativamente a su amo y a su ama, la fiel sirvienta espabiló la vela, hizo una cortesía y partió. Don Alfonso guardó silencio durante un minuto. Inició después unas excusas tímidas, explicando el escándalo de aquella noche.