Don Juan
Don Juan Estaban solos, pero no como aquéllos que se encierran en una habitación y se imaginan hallarse en soledad. El mar, el cielo, el crepúsculo, las mudas rocas, todo cuanto les rodeaba, venía a asegurarles que estaban solos en el mundo, que eran los únicos seres vivientes de la tierra. Sobre la muda playa solitaria, eran, el uno para el otro, todo el Universo. Su conversación se formaba, temblorosa, con frases cortadas, incompletas; pero ellos adivinaban todo lo que no se decían. Aquello, inmenso e incomparable, que inspira la pasión, lo manifestaban los dos por medio de un suspiro, el más seguro intérprete del anhelo amoroso, felicidad única que ha dejado a sus hijas la primera Eva culpable y desheredada.