Don Juan
Don Juan Entre miradas llenas de fuego, el brazo de Haida rodea la cabeza de Juan; el de Juan se pierde entre los rizos innumerables de los cabellos de su amiga; ella se sienta sobre las rodillas de él; ambos aspiran recíprocamente sus suspiros, y, en esta posición, inmejorable, los dos forman el antiguo y eterno grupo de dos amantes medio desnudos reunidos por el amor y la naturaleza… Cuando pasaron estos momentos de delirio, Juan se quedó dormido sobre el pecho de su tierna amiga y ella vigiló dulcemente su sueño, pensando, sin temor y sin tristeza, en todo cuanto acababa de conceder y en todo lo que concedería todavía.