La gaviota
La gaviota —Si un novio con canas no pega, un marido con canas no asusta.
Stein quedó sumamente sorprendido de esta brusca salida, y aún más, de la decisión e impasibilidad con que se hacía. Luego, se sonrió y la dijo:
—¿Te casarías, pues, conmigo, bella hija de la naturaleza?
—¿Por qué no? —respondió la Gaviota.
—María —dijo conmovido Stein—, la que admite a un hombre para marido y se aviene a unirse a él para toda la vida, o mejor dicho, a hacer de dos vidas una, como en una antorcha dos pábilos forman una misma llama, le favorece más, que la que le acoge por amante.
—¿Y para qué sirven —dijo María con mezcla de inocencia y de indiferencia— los peladeros de pava en la reja?, ¿a qué sirven los guitarreos, si tocan y cantan mal, sino para ahuyentar los gatos?
Habían llegado a la playa y Stein suplicó a María se sentase a su lado, sobre unas rocas. Callaron largo rato: Stein estaba profundamente conmovido; María, aburrida, había tomado una varita y dibujaba con ella figuras en la arena.