La gaviota
La gaviota La mayor parte de los personajes que figuran en el segundo tomo de La Gaviota, son distintos de los que entran en la composición del primero; en este concepto decíamos antes que la novela puede considerarse dividida en dos partes, sin más lazo común entre sí que la intervención en ambas de Stein y Marisalada. El primer tomo es como la exposición del carácter de estos personajes; el segundo es el campo en que vemos aquel carácter en acción. La pintura de la buena sociedad sevillana está hecha en los primeros capítulos, con una gracia y una verdad sorprendentes. Allí abundan los retratos; a algunos se nos figura haberlos conocido. Los más son verdaderos tipos característicos de los diferentes grados de nuestra sociedad, pintados con un talento de observación, una seguridad de crítica y una energía de colorido, que no desmerecían al lado de los más celebrados caracteres de Teofrasto y Labruyère. El general Santa María con su exagerado españolismo; Eloísa con su extranjerismo impertinente; la joven condesa de Algar, tan simpática y tan bella; Rita, la verdadera española de buen sentido; Rafael, la marquesa de Guadalcanal, son personajes a quienes, como decíamos en nuestro primer artículo, todos hemos conocido bajo otros nombres, o más bien a quienes estamos viendo todos los días en tertulias y paseos.