La gaviota
La gaviota —Pues yo —añadió la condesa— querrÃa a Rafael, por lo mucho que me divierte, si no le quisiera ya tanto por lo mucho que vale.
—Aquà tienes, querida Gracia —dijo EloÃsa entrando y abrazando a la condesa—, el Viaje de Dumas por el sur de Francia.
La condesa tomó los libros. Polo y EloÃsa hicieron una disertación sobre las obras del escritor; disertación de cuya lectura dispensamos al lector, que nos dará gracias por ello.
—¡Pobre Dumas! —dijo la condesa al coronel.
—¡Pobre! —exclamó el coronel—. ¿Pobre llamáis al que es rico y personaje, al que todos festejan, obsequian y aplauden? ¿O será porque algunas veces le critican?
—¿Porque le critican? —respondió la condesa—; no por cierto; yo me tomo algunas veces la libertad de hacerlo. Todo el que se presenta al público, le da ese derecho. No digo pobre al oÃrle criticar; lo digo al oÃr algunos elogios que de él hacen.
—¿Y por qué, condesa?, el elogio siempre es lisonjero.