La gaviota
La gaviota la admiración se convirtió en entusiasmo. La gente joven llevaba el compás con palmadas, repitiendo bien, bien, como para animar a la cantaora. Los naipes se cayeron de las manos de los formales jugadores; el mayor quiso imitar el ejemplo general, y se puso también a palmotear sin ton ni son. Sir John afirmó que aquello era mejor que el God save the Queen. Pero el gran triunfo de la música nacional fue que el entrecejo del general se desarrugó.
—¿Te acuerdas, hermano —le preguntó la marquesa sonriéndose—, cuando cantábamos el zorongo y el trípoli?
—¿Qué cosas son zorongo y trípoli? —preguntó el barón a Rafael.
—Son —respondió— los progenitores del sereni, de la cachucha, y abuelos de la jaca de terciopelo, del vito y de otras canciones del día.