La gaviota
La gaviota —Y tÃmida —siguió Rafael—, como una manola del Avapies.
—Pero ¡qué voz! —añadió la condesa—. ¡Qué divina voz!
—Será preciso —dijo Rafael— grabar en su tumba el epitafio que los portugueses hicieron para su célebre cantor Madureira.
Aqui yaz ó senhor de Madureira,
O melhor cantor do mundo:
Que morreu porque Deus quiseira,
Que si non quiseira naon morreira;
E por que lo necesitó nasua capella,
DÃjole Deus: canta. ¡Cantou cosa bella!
Dijo Deus á os anjos: id vos á pradeira,
Que melhor canta ó senhor de Madureira.
—Rafael —dijo la condesa—, mofador eterno, ¿quién se escapa de tus tijeras? Voy a mandar hacer tu retrato en figura de pájaro burlón, como se ha hecho el de Paul de Kock en forma de gallo.
—De esa suerte —repuso Rafael al irse— haré una ArpÃa masculina, lo cual tendrá la ventaja de que se pueda propagar la casta.