La gaviota
La gaviota El marqués miró a su hija, en cuyo rostro brillaba un gozo intenso; después al duque, que ostentaba la más pura satisfacción. Entonces una tierna sonrisa suavizó la austeridad natural de su semblante, y acercándose a su yerno:
—¡Venga acá esa mano —le dijo—; y cuenta conmigo!