La gaviota
La gaviota —Con el ridÃculo espÃritu de extranjerismo y de imitación que vive y reina —añadió el general—, y el pésimo gusto que los inspira y dirige. ¿Por qué no ha de decirse clara y castizamente embarazo o preñez, en lugar de esas ridÃculas y afectadas frases traducidas? Lo mismo hacéis que hacÃan los franceses en el siglo pasado cuando representaban con polvos y tontillos a las diosas del paganismo.
—¿Y él? —preguntó Arias.
—Cambiado enteramente, desde que se casó y se reconcilió con su cuñado. Este es el que le dirige en todo. Ahora labra por sà sus haciendas, aconsejado por mi marido, con el que pasa semanas enteras en el campo. En fin, es el niño mimado de la familia, donde ha sido recibido como el hijo pródigo.
—He aquà por qué —observó el general— nuestro sensato proverbio dice: «Más vale malo conocido, que bueno por conocer».
—¿Y EloÃsa? —tornó a preguntar Arias.