La gaviota
La gaviota —No, pero no conozco estas letras; me parece que es hebreo.
—¡Hebreo! —exclamó la tÃa MarÃa—. ¡Virgen Santa! ¿Si será judÃo?
En aquel momento, Stein, que habÃa estado largo tiempo aletargado, abrió los ojos y dijo en alemán:
—Gott, wo bin ich? (Dios mÃo, ¿dónde estoy?).
La tÃa MarÃa se puso de un salto en medio del cuarto. El hermano Gabriel dejó caer los libros, y se quedó hecho una piedra, abriendo los ojos tan grandes como sus espejuelos.
—¿Qué ha hablado? —preguntó la tÃa MarÃa.
—Será hebreo como sus libros —respondió fray Gabriel—. Quizá será judÃo como usted ha dicho, tÃa MarÃa.
—¡Dios nos asista! —exclamó la anciana—; pero no. Si fuera judÃo, ¿no le habrÃamos visto el rabo cuando lo desnudábamos?
—TÃa MarÃa —repuso el lego—, el padre prior decÃa que eso del rabo de los judÃos es una patraña, una tonterÃa, y que los judÃos no tienen tal cosa.