El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea no tanto porque lo sea,
como porque en Zalamea
no hay tan bella mujer…
ÁLVARO: Di.
SARGENTO: … como una hija suya.
ÁLVARO: Pues,
¿por muy hermosa y muy vana
será más que una villana
con malas manos y pies?
SARGENTO: ¡Que haya en el mundo quien diga
eso!
ÁLVARO: ¿Pues no, mentecato?
SARGENTO: ¿Hay más bien gastado rato
—a quien amor no le obliga,
sino ociosidad no más—
que el de una villana, y ver,
que no acierta a responder
a propósito jamás?
ÁLVARO: Cosa es que en toda mi vida,
ni aun de paso, me agradó;
porque en no mirando yo
aseada y bien prendida
una mujer, me parece
que no es mujer para mí.
SARGENTO: Pues para mí, señor, sí,
cualquiera que se me ofrece.
Vamos allá; que por Dios,