El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea que me pienso entretener
con ella.
ÁLVARO: Quieres saber
¿cuál dice bien de los dos?
El que una belleza adora,
dijo, viendo a la que amó,
«Aquella es mi dama,» y no,
«Aquella es mi labradora.»
Luego si dama se llama
la que se ama, claro es ya,
que en una villana está
vendido el nombre de dama.
Mas…, ¿qué ruido es ese?
SARGENTO: Un hombre,
que de un flaco rocinante
a la vuelta de esa esquina
se apeó, y en rostro y talle
parece aquel Don Quijote
de quien Miguel de Cervantes
escribió las aventuras.
ÁLVARO: ¡Qué figura tan notable!
SARGENTO: Vamos, señor; que ya es hora.
ÁLVARO: Lléveme el sargento antes
a la posada la ropa,
y vuelva luego a avisarme.
Vanse. Salen don MENDO, hidalgo de figura, y NUÑO, su criado