El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea me hubiera dado el olor,
y hubiera dicho yo, «Tate,
que no me está bien hacerme
de excremento semejante.»
NUÑO: Ahora digo que es verdad.
MENDO: ¿Qué?
NUÑO: Que adelgaza la hambre
los ingenios.
MENDO: Majadero,
¿téngola yo?
NUÑO: No te enfades;
que, sino la tienes, puedes
tenerla; pues de la tarde
son ya las tres, y no hay greda,
que mejor las manchas saque,
que tu saliva y la mía.
MENDO: Pues, ¿esa es causa bastante
para tener hambre yo?
Tengan hambre los gañanes;
que no somos todos unos;
que a un hidalgo no le hace
falta el comer…
NUÑO: ¡Oh quién fuera
hidalgo!
MENDO: Y más no me hables
de esto, pues ya de Isabel
vamos entrando en la calle.