El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea enseña la urbanidad
política de los siglos.
LOPE: Ya que va perdiendo el sol
la fuerza, irme determino.
JUAN: Veré si viene, señor,
la litera.
Vase JUAN y salen INÉS e ISABEL
ISABEL: ¿Y es bien iros
sin despediros de quien
tanto desea serviros?
LOPE: No me fuera sin besaros
las manos y sin pediros
que liberal perdonéis
un atrevimiento digno
de perdón, porque no el precio
hace el don, sino el servicio.
Esta venera que, aunque
está de diamantes ricos
guarnecida, llega pobre
a vuestras manos, suplico
que la toméis y traigáis
por patena en nombre mío.
ISABEL: Mucho siento que penséis,
con tan generoso indicio,
que pagáis el hospedaje,
pues, de honra que recibimos,
somos los deudores.