El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea referirte a mis fatigas.
CRESPO: Detente, Isabel, detente.
No prosigas; que desdichas,
Isabel, para contarlas
no es menester referirlas.
ISABEL: Hay muchas cosas que sepas,
y es forzoso que al decirlas
tu valor se irrite, y quieras
vengarlas antes de oírlas.
Estaba anoche gozando
la seguridad tranquila,
que al abrigo de tus canas
mis años me prometían,
cuando aquellos embozados
traidores, que determinan
que lo que el honor defiende
el atrevimiento rinda,
me robaros; bien así,
como de los pechos quita
carnicero hambriento lobo
a la simple corderilla.
Aquel capitán, aquel
huésped ingrato, que el día
primero introdujo en casa
tan nunca esperada cisma
de traiciones y cautelas,
de pendencias y rencillas,