El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea no le dije! Pero en vano;
pues —¡calle aquà la voz mÃa!—
soberbio —¡enmudezca el llanto!—
atrevido —¡el pecho gima!—
descortés —¡lloren los ojos!—
fiero —¡ensordezca la envidia!—
tirano —¡falte el aliento!—
osado —¡luto me vista!…
y si lo que la voz yerra,
tal vez el acción explica.
De vergüenza cubro el rostro,
de empacho lloro ofendida,
de rabia tuerzo las manos,
el pecho rompe de ira.
Entiende tú las acciones;
pues no hay voces que lo digan.
Baste decir que a las quejas
de los vientos repetidas,
en que ya no pedÃa al cielo
socorro sino justicia,
salió el alba, y con el alba,
trayendo a la luz por guÃa,
sentà ruido entre unas ramas.
Vuelvo a mirar quién serÃa,
y veo a mi hermano. ¡Ay cielos!
¿Cuándo, cuándo, ah suerte impÃa,
llegaron a un desdichado