El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea los favores con más prisa?
Él, a la dudosa luz
que, si no alumbra, domina,
reconoce el daño antes
que ninguno se lo diga
—que son linces los pesares
que penetran con la vista—.
Sin hablar palabra, saca
el acero, que aquel dÃa
le ceñiste. El capitán,
que el tardo socorro mira
en mi favor, contra el suyo
saca la blanca cuchilla.
Cierra el uno con el otro;
este repara, aquel tira;
y yo, en tanto que los dos
generosamente lidian,
viendo temerosa y triste,
que mi hermano no sabÃa
si tenÃa culpa o no,
por no aventurar mi vida
en la disculpa, la espalda
vuelvo, y por la entretejida
maleza del monte huyo;
pero no con tanta prisa,
que no hiciese de unas ramas
intricadas celosÃas;