El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea hasta que a tus pies rendida,
antes que me des la muerte,
te he contado mis desdichas.
Ahora, que ya las sabes,
generosamente anima
contra mi vida el acero,
el valor contra mi vida;
que ya para que me mates
aquestos lazos te quitan
mis manos; alguno de ellos
mi cuello infeliz oprima.
Desátale
ISABEL: Tu hija soy, sin honra estoy,
y tú libre; solicita
con mi muerte tu alabanza,
para que de ti se diga
que, por dar vida a tu honor
diste la muerte a tu hija.
Arrodíllase
CRESPO: Álzate, Isabel, del suelo;
no, no estás más de rodillas;
que a no haber estos sucesos
que atormenten y persigan,
ociosas fueran las penas,
sin estimación las dichas.
Para los hombres se hicieron,
y es menester que se impriman