La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes A veces por un acto cualquiera se soltaba la carcajada y el Dr. Rozas, furioso, se dirigía a la clase insultándola; luego, levantando su mano derecha con el puño crispadas bramaba volviéndose al pizarrón: "¿Creen Uds, que no los veo?"; entonces una sensación amarga ahogaba las risas, mientras un reproche de la conciencia parecía quemar las almas. ¡Terrible desgracia la falta de luz en las pupilasl.
Pero no era todo culpa de los muchachos. En ocasiones los hechos tenían su origen en una
expresión de respeto. Expresión que luego terminaba en risas, independientemente de la voluntad general.
El Dr. Rozas odiaba particular y sostenidamente a Aulés, nuestro compañero en primero y segundo año que compartió en una noche memorable, la alegría de la exención de inglés con un café con leche servido en honor de la división. La doble y desdichada pérdida de padre y madre en pocos meses, habíale imposibilitado seguir sus estudios, pero no cortó su vinculación espiritual con la "Barra",