La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Dos horas seguidas de los miércoles y jueves se destinaban a ciencias naturales a cargo del Dr. Tito F. Coletti, alto, robustos, de gesto enérgico, movimientos pausados y firme y más de cuatro décadas de vida. Militar de carrera, bautizado con el apodo de "doble ancho" por sus espaldas amplias, quería mantener en la clase una disciplina de cuartel, que le había hecho granjear sincera antipatía pues nadie podía admitir esa rigidez militar en una escuela civil, forjadora del carácter, educadora del espíritu, formadora de ciudadanos y técnicos, de naturaleza totalmente opuesta a los institutos armados, cuya función específica es una preparación determinada, con su ineludible exigencia de una férrea disciplina sobre la base de obediencia absoluta y severa organización de jerarquías.
Pedía el nombre científico de los gérmenes trasmisores de las enfemedades estudiadas: fiebre amarilla, mal del sueño, etc. Al que no lo sabía le ponía un cero. No permitía darse vuelta, ni hablar, ni moverse; su inflexibilidad había hecho de esas horas, un suplicio.