La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes En ese instante de emoción y solemnidad, mientras las palmas se agitaban en el aire y los músicos irradiaban un himno a la gloria, entró Radamés en un colectivo destartalado y ruinoso que tenía a un costado un gran cartel "Egipto-Plaza Mayo: $ 0,20". Bajó discutiendo con el conductor porque le exigía el pago de diez centavos más por haberse pasado de sección y aquél gritaba que sólo había llegado a la esquina donde terminaba el boleto.
Cuando el coche se fue, el conquistador de Etiopía se exhibió con su cargamento: anteojos largavistas, mochila, un montón de cosas inútiles y una raqueta de "tennis".
En otra escena, el héroe declara su amor a Aída cantándole:
"Celeste Aída
¿dónde estás metida?
estás "escuendida",
¡ oh! "me cach'endié"
Dulce palomita
de los tiempos idos,
de aquellos tiempos
que no vuelven más”.
Tocó el turno a la princesa negra para lucir sus trinos y respondió con la música de “La morocha”: