La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes El profesor gritaba: “¡Voy a llamar por lista!â€, y apenas nombraba a alguien, el citado no querÃa pasar y decÃa, haciéndose el ofendido: “¿Ahora para qué? ¡Yo querÃa pasar antes!â€.
Esta situación de pases simultáneos se solucionaba a veces en la forma menos previsible. Después de levantarse treinta manos, escuchándose de otras tantas bocas el consabido "¡paso yo, señor!", se levantaba uno cualquiera, daba un paso adelante, exclamando con decisión: "¡Dicte nomás, señor!"
En ocasión de uno de los tantos tumultos en que todos chillaban, gritó el doctor C.: " ¡Silencio! ¿Quién habla acá? ¿Hablan ustedes o hablo yo?" Una vocecita muy suave y burlona, replicó: “¡Hablo yo, señor!â€
-¿Cómo dice? -replicó furioso el profesor.
-Digo que hablo yo, señor, cuando usted no habla –agregó quedamente Ãlvarez, con perfecta expresión de idiota pintada en su rostro.
Otro dÃa llevó a clase una colección de cencerros, sujetándolos con un piolÃn en el fondo de la sala; con otro cordón, manejado con el pie mientras escribÃa, hacÃa sonar las campanillas con ruido estridente y continuo; y simulando un enorme fastidio, decÃa:
-Señor, ¡aquà no se puede trabajar!
-¡Ãlvarez, siga escribiendo!