La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Comenzamos a dar vueltas a la plaza entonando canciones. Furlani sobresalía del grupo con su elevada estatura y sus largos brazos levantados dirigiendo el coro; sobre la marcha se agregaba gente; más tarde aportó su concurso un afiliado socialista llevando un cartel; posteriormente alguien facilitó una bandera roja, que enarboló Furlani y a la media hora de la iniciación la columna ocupaba varias cuadras de largo.
Aumentó la animación al organizarse una segunda columna siempre encabezada por Furlani. Luego de un instante de descanso, pues las gargantas estaban destrozadas de tanto gritar, sonaron los primeros balazos, a los que siguieron estridentes toques de clarín, que causaron un desbande general. La caballería cargó con su acostumbrada furia mientras los manifestantes corrían buscando refugio, sin dejar de gritar con odio: " ¡Muera la policía salvaje! o ¡Abajo la dictadura! o ¡Viva la libertad!".
En un momento determinado, al tomar por la calle Campichuelo en dirección al norte, divisamos un corralón con la puerta entre abierta: allí nos refugiamos.