La barra de los tres golpes

La barra de los tres golpes

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El 20 de febrero había asumido la presidencia de la Nación el general Agustín P. justo y se había vuelto a la normalidad. Pero la cárcel y el exilio ya estaban incorporados al régimen de represión y no faltaban muchos años para que Martín García, Ushuaia y otras prisiones, recibieran como pensionistas a ciudadanos de partidos opositores, especialmente el Radical, que pagaban con ese sacrificio su lealtad a una fe democrática y el valor cívico de la defensa de sus convicciones; y preferían una libertad mental con el cuerpo entre rejas, antes que una libertad física con la mente esclavizada.

La juventud universitaria y estudiantil, vivían en permanente agitación. La separación del profesor de Historia de la Escuela comercial, Dr. Julio V. González, había motivado enérgicas protestas. Se entraba a las aulas sin saberse a ciencia cierta si se salía de ellas para regresar al hogar o para entrar a una cárcel. Larga era la lista de detenidos y se formaban comisiones de ayuda para ellos. Las medidas de represión eran brutales y despiadadas; pero no por eso amenguaba el espíritu de lucha.

La de 1930, como así también la de 1945, fueron generaciones heroicas que arriesgaron su libertad y su vida, enfrentando persecusiones y ensañamientos, pero sin entregarse. Y tenían la convicción de cumplir con su mandato histórico heredado de antecesores heroicos como ellos, sin pretender que la historia comenzara


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