La barra de los tres golpes

La barra de los tres golpes

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Algo muy importante caracterizaba la fogosidad de las asambleas o el fanatismo de las luchas: cada estudiante actuaba al impulso de sus convicciones o de sus sentimientos, con toda espontaneidad y sinceridad, sin dejarse conducir como borrego de un rebaño arrastrado por falsos pastores.

La noche de la votación, mientras presidentes de mesa y fiscales seguían el acto, los votantes aguardaban su turno; los demás recorrían el edificio vivando a los candidatos o a las agrupaciones, llevando carteles con sus nombres, o haciendo flamear gallardetes blancos o purpúreos, distintivos de ambos partidos.

¡Tiempos ideales y emotivos!

Por primera vez, todos los ingresantes de este año, entraban a un cuarto oscuro para depositar un voto; por primera vez ejercían un derecho ciudadano.

Ese acto, esa inicial prueba de capacidad cívica, de voluntad y de poder, puesto que con su papeleta regirían los destinos del Centro mediante las autoridades que votaran, producíales una emoción y un orgullo que no podían disimular.

Triunfó la Lista Blanca, cuyos candidaos, Aníbal Noguera y Fidel López, batieron por considerable caudal al binomio reformista Chaves-Mathieu. El resultado, que se conoció apenas terminó el escrutinio a eso de las dos de la madrugada, provocó indescriptible alegría.


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