La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Asaltaron el auto acomodándose unos sobre otros y otros más sobre los que se sentaban arriba de los ocupantes de asientos; las sardinas, en sus latas, tenÃan más espacio vital y más quietud, porque el viaje se matizó con pellizcones, pinchazos y palmadas hasta llegar a la meta: el teatro Nacional, donde concluyó la jornada sarmientina.
Otra noche, sin conmemoración de próceres, hubo huelga. Resolvieron ir al cine.
Escondiendo los libros dentro de los pantalones y sujetándolos con los cintos, llegaron al "Cataluña", ubicado al dos mil de la calle Corrientes; en la boleterÃa, al ver tan nutrido contingente de disimulados colegiales, les negaron entrada.
Trasladáronse entonces al cine de enfrente, el desaparecido "Standard", donde no sin mucha desconfianza les vendieron las entradas a los veinte interesados.