La barra de los tres golpes

La barra de los tres golpes

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Con mucha frecuencia el jefe de celadores, Sr. Zanotti, por cuya excesiva severidad se le tenía profunda antipatía, llegaba hasta la cuarta división de segundo año y gritaba a los presentes que más que hombres parecían fieras desatadas.

También el celador resultaba antipático. Confiaba compensar la cortedad de su estatura con una energía absurda; reprendía con frases necias, amenazaba a cada momento; quería tener a la división en un puño.

Repartíase la jornada en cinco horas escolares, de cuarenta minutos cada una, desde el lunes hasta el jueves; los viernes y sábados sólo había cuatro horas. El horario se modificó posteriormente y pasó a ser de cinco horas, de lunes a sábado, exceptuando los viernes con tres horas; comenzando a las diecinueve y veinte para terminar a las veintitrés.

Las cinco horas del sábado constituían un suplicio.

¡Cuántas veces "segundo cuarta" únicamente estaba en la escuela! Los demás declaraban huelga o fugaban.

Así, pues, había que buscar una forma válida para anular las clases de los sábados. Felizmente sobraba ingenio.


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