La barra de los tres golpes

La barra de los tres golpes

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Llevado inmediatamente al Hospital de Clínicas, distante a muy pocas cuadras del lugar del hecho, comprobóse, felizmente, que a pesar de la violencia del golpe, no había sufrido heridas de consideración. Luego de practicársele las primeras curas, pudo restituírse a su hogar, donde pasó en cama diez días, reponiéndose totalmente.

Su regreso a la escuela fue triunfal. Aprovechóse la circunstancia de ser de público conocimiento su accidente para organizar un escándalo de proporciones, llevándolo en andas por el corredor y el patio, con incesantes vivas a él, al auto y al accidente y fuertes gritos hostiles a la velocidad, a los choferes de autos y, de paso, a odiadas autoridades de la escuela.

El otro accidente fue fatal.

El celador de primer año, Bernardo Brocher, vivía en un pueblo suburbano. Un domingo por la tarde viajando a la Capital para ir a una fiesta, al llegar a la estación Constitución bajó con tal mala suerte que cayó bajo las ruedas del tren y quedó destrozado, muriendo en el acto.

Sepultáronse sus restos en el Cementerio Alemán; en nombre del Centro de Estudiantes de la Escuela y de sus compañeros lo despidieron con emoción Anibal Noguera y Vitaliano Caletti.


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