Quicksilver
Quicksilver Y el suelo desaparece.
Saeris cae.
No por un acantilado. No por una trampa fÃsica.
Cae entre mundos.
El guantelete, en su brazo, se fusiona con su piel. Se convierte en parte de ella. En una maldición. Una puerta abierta.
Al despertar, ya no está en Zilvaren. Bajo sus pies no hay arena, sino hielo. Sobre su cabeza, un cielo estrellado y hostil. Frente a ella, una silueta con una espada envainada y un rostro como tallado por la guerra.
—Te esperaba —dice la figura.
Y Saeris, por primera vez en años, no tiene una respuesta lista.
Solo preguntas. Y miedo.
Yvelia. Un nombre que vibra con la frialdad de la traición. Saeris despierta en una tierra blanca, salvaje, donde los árboles son cuchillas congeladas y el aire duele al respirar. El hombre que la espera no es humano. Es Fae. Y no cualquier Fae. Es Dairon Kingfisher, heredero de una guerra dormida, cazador de secretos… y su captor.
—Tu llegada no es un accidente —le dice con voz de hielo—. Eres la primera de tu especie en mil años en pisar nuestras tierras. No sabes lo que has hecho.
Saeris no entiende. No aún. Pero lo sentirá.
