En la sangre
En la sangre No era tan absurda entonces, tan descabellada su pretensión, no era tan fiero el león como lo pintaban... llegó a decirse Genaro reaccionando en sus adentros, vuelto ya de la emoción violenta que acababa de dominarlo.
Y, alentado por las facilidades que se le ofrecían, en presencia de la aparente seguridad de que se mostrara su amigo poseído, poco a poco él mismo atreviéndose, dejándose llevar de la invencible tentación, concluyó por franquearse abiertamente con aquel.
-Para qué andar con vueltas y con tapujos -exclamó de pronto.- Si quieres que te diga la verdad hermanito, a ti que eres mi amigo, no es la voluntad, no son las ganas las que me faltan, sino que hay algo en el fondo de lo que tú te imaginabas.
Sí, ¿por qué ocultarlo? no dejo de tener mis desconfianzas, mis recelos... que vaya por casualidad, a no caerle en gracia a alguno y a salir al fin con el rabo entre las piernas, corrido, desairado...
Eso, nada más que eso es lo que me detiene; ya ves que no peco por falta de modestia.