En la sangre
En la sangre Pero aun en el supuesto de que hubiese dicho la verdad, ¿hasta dónde era de fiar eso, de atribuirle importancia, hasta qué punto merecía ser mirado por él como una garantía?
Historias probablemente, partes, faramalla del otro por dorarle la píldora...
No, no había que hacerse ilusiones, de una cosa podía vivir penetrado, convencido, era que se hallaba solo, solo contra todos en el mundo...
¿La vieja?... No entraba para nada en cuenta su madre, estaba bien donde estaba, allá, en su tierra, metida con sus parientes. Como no volviese... ¡un estorbo menos!
Sí, universalmente mal visto y mal querido, nunca, de nadie le sería dado esperar apoyo ni concurso y librado a su propio esfuerzo, a su sola acción, debía no pararse en pelos él, hasta entrar por el aro del diablo, si a mano venía; todos los medios eran buenos, todos sin excepción, dispuesto, resuelto como se encontraba.
¿Qué situación era entretanto la suya?
Lastimosamente, desde luego, perdía el tiempo. Eso de pasárselo de ojito con la otra, podía haber estado muy bueno y muy divertido y muy bonito como exordio, para empezar, pero a nada conducía, nada significaba a la larga, era en suma cosa de criaturas, de tilingos.