En la sangre
En la sangre Después, en todo caso, siendo grande, más grande ya, vería, lo conchabaría, lo haría entrar de aprendiz de algún oficio...
Resuelta por su parte a no ceder, obstinada ella también y segura de la obediencia de Genaro, cuya complicidad, a fuerza de caricias, de halagos y promesas, había sabido conquistarse, imaginó la madre ejecutar su plan ocultamente. Ella, ella sola, sin el auxilio de nadie...
Y, a trueque de acelerar los progresos del mal que lentamente la consumía, atareada, recargada de trabajo más aún, pudo reunir al fin una pequeña suma, subvenir a los primeros gastos, comprar traje, sombrero, botines para su hijo.
Lo haría salir vestido, sin que lo viese el padre, de noche, por el zaguán. Había una escuela a la vuelta: allí lo pondría al muchacho.