En la sangre
En la sangre
Pero había de ser, tenía que suceder un día u otro no más, por mucho que no quisiese sucedería, no se había de ir muy lejos.
¡Bien conocía los bueyes con que araba, bien sabía a qué atenerse, el papel que desempeñaba, cómo era recibido él por la familia, que no hacían más que tolerarlo los viejos, que lo admitían como de lástima, que lo miraban como a bicho inofensivo, como a una especie de cuzco de la casa, que lo tenían en cuenta de zonzo!
Pero así intentara arrancarse la careta y mostrar las uñas... ¡zas!... lo agarraba el padre de una oreja lo echaba a puntapiés, como sonaba...
No, no había más, no había otro medio, era necesario que cayese la muchacha, que llegase Máxima a ser suya... ¡Y él les había de preguntar, ya verían entonces lo que era bueno!... ¿Qué más remedio les quedaba de miedo de un campanazo, de un escándalo mayúsculo que amugar y soltar prenda?
¡Ni qué más iban a pretender ni qué más querían últimamente... hasta un favor les hacía con casarse, por muy bien servido podían darse de que, una vez embromada la individua, quisiese él cargar con ella!...
