En la sangre
En la sangre Era más que la dulce confesión, que la mágica palabra de silla a silla cambiada, más que la frase al oÃdo murmurada en la tibia caricia del aliento, buscando otro pie el pie, oprimida la mano entre otra mano; era más que el beso hurtado, de sorpresa arrebatado; era el beso prodigado, querido, exigido en la fiebre avarienta del deseo, en el voraz incendio de la sangre.
Y más aún, todo habrÃa sido, sin las postreras aprensiones, sin las alarmas supremas de la virgen:
-SÃ, tesoro, sà chinita, déjame, ¡mira cómo me pones, cómo sufro, no seas mala, no seas cruel!...
-No, eso no, no quiero... ¡Nunca, eso jamás!