En la sangre
En la sangre
Matando caballos llegó de noche un chasque desde el pueblito. Anunciaban por carta de Buenos Aires hallarse enfermo el padre de Máxima, grave.
Ni remota posibilidad, ni que pensar había en regresar los tres a la ciudad. Esperaba salir aquella por momentos de cuidado; no le permitía moverse su estado.
¿Emprender viaje sola la señora? Fue su primera inspiración. Pero, cómo, por otra parte, separarse de su hija, resignarse a dejarla así, en el azaroso trance de su parto, de un primer parto especialmente, lejos de todo centro de recursos abandonada a los cuidados del marido, de un hombre... ¡qué entendían los hombres de estas cosas... y luego, él, Genaro... ¡Ah! bien se hacía cargo ella de la situación de su pobre hija, bien veía el cariño que profesaba aquel a su mujer, el interés que le demostraba, cómo vivían los dos, había tenido por desgracia suya ocasión de estudiarlo, de observarlo, sabía de lo que era capaz su yerno...
Hallábase, era cierto, prevenido el médico del pueblito; acudirá, había prometido acudir al primer llamado, pero... y la distancia, las leguas de distancia que había que recorrer... ¿Hallaríase en su casa, darían con él en el momento oportuno, tendría Máxima esa suerte?
